José
Cademartori
El
Siglo, 21 Septiembre, 1999
Con este
título, se acaba de estrenar en Chile una película ilustrativa de la inhumana
condición de la cesantía contemporánea. El personaje central es un desempleado
de 37 años, sin esperanzas de encontrar un puesto permanente, ex alcohólico que
vive del Seguro Social y de trabajos ocasionales, como pintar una pieza, lo que
es prohibido y penado. Joe lo dice en un momento dramático, para justificar
porqué, por salvar a su amigo, se ha prestado para transportar droga, a riesgo de
perder su pareja, recaer en el alcohol, o ser esclavo del narcotráfico :
El nombre es lo único que tiene y con él su derecho a ser solidario.
Con su emocionante
performance Peter Mullan (Premio Cannes 1998) ha representado no solamente a un
desempleado de Glasgow, en la Gran Bretaña actual, o a los millones de cesantes
de la Unión Europea y otras zonas industrializadas del mundo, sino también a los
mil millones de seres humanos que conforman "la humanidad sobrante"
en todo el planeta. Mediante el Seguro Social
que otros no tienen, Joe es afortunado, alquila un apartamento mínimo con un
magro mobiliario, se viste igual todos los días y se alimenta con la típica
comida chatarra. Para sentirse vivo entrena un modesto equipo de fútbol con el que comparte penas y alegrías. El Seguro
Social no saca a la gente de la pobreza, pero sin él, las sociedades
capitalistas de Occidente no podrían sobrevivir a estallidos revolucionarios. Y
sin embargo, los neoliberales, subestimando la capacidad de reacción de la
clase obrera de esos países, quieren reducirlo, ojalá eliminarlo. En Chile
y otros países del continente, se niegan a establecerlo universalmente y
financiarlo, cuando cada día se hace más urgente, a medida que el desempleo
crónico alimenta la delincuencia y la degradación social. Seguro de desempleo, nuevos
puestos de trabajo, fin a los despidos arbitrarios, reducción de jornada, acceso
a la salud, freno a la riqueza excesiva, disminución de las desigualdades son condiciones
para superar pobreza y miseria.
Es cierto que
" Mi nombre es lo único.." no es una cinta de acción política o
sindical. Pero, como dice Ken Loach su realizador, "el cine no es un
movimiento social o político, pero puede hacer sentir a la gente responsable de
lo que sucede, puede ayudar a crear un clima en el que las cosas, efectivamente
puedan cambiar". Con éste y sus otros films (Tierra y Libertad, Riff - Raff,
La Canción de Carla, Lady Bird) Ken
Loach se nos revela como uno de los cineastas británicos más comprometidos con
la misión de desarrollar la conciencia de clase del proletariado. No está solo,
pues como hemos visto en Tocando al Viento, Todo o Nada y otras, lo acompañan M.
Herman, P.Cattaneo, N. Jordan, S. Frears, M. Leigh, entre otros. Estas obras y
autores demuestran cómo, a la alienante producción hollywoodense, se le puede
oponer un buen cine que entretenga, enseñe y exalte los valores humanos simultáneamente.