José Cademartori
Radio Nuevo Mundo, El Siglo, 20 de Julio de 1999
El libre mercado y las desigualdades que le son consustanciales han
terminado por sobrepasar la política habitacional del gobierno. Frei había
asegurado que el número de viviendas sociales que estaba construyendo iba a
solucionar en pocos años el crónico déficit habitacional. La toma de los
terrenos de Peñalolén por 1. 200 familias y las ocupaciones que están
proliferando en otras comunas demostraron que la realidad era muy distinta
a como la presentaban los gobernantes. Como se sabe, a lo largo del
territorio existen 972 campamentos que albergan a 500 mil habitantes
subsistiendo en precarias condiciones. A esto se agregan las 182 mil
personas que viven como allegadas, tan sólo en la Región Metropolitana a la
espera de que el SERVIU les asigne una casa definitiva que ellos puedan
pagar. ¿Qué esperanzas tienen cuando de las 90.000 familias inscritas en
Santiago en el SERVIU el año pasado, sólo tuvieron acceso a una vivienda,
tan sólo una familia de cada nueve ?
El libre mercado provoca un encarecimiento artificial del precio de los
terrenos, consecuencia del acaparamiento y la especulación sin freno. En
Peñalolén, familias modestas, nacidas y criadas en la comuna, son obligadas
a emigrar porque el metro cuadrado del suelo tiene un precio de libre
mercado de dos UF, o sea tres veces más caro de lo que ellos pueden pagar
por una vivienda social. El gobierno se disculpa que por esa razón apenas
ha construido 280 viviendas básicas en esa comuna en los últimos seis años,
mientras están a la espera 10 mil familias inscritas. Entretanto, así como
las 21 hectáreas de Nazur estuvieron botadas durante treinta años, hay
otras miles, cuyos propietarios no dejan utilizarlas, esperando que sus
precios suban por la simple acción del tiempo y del libre mercado. En pleno
centro de la capital y de otras ciudades hay cientos de terrenos incluso
fiscales y municipales, sin ningún aprovechamiento socialmente útil.
El libertinaje en el uso del suelo tiene por complemento la injusta
asignación de los recursos para la construcción, basada en una oferta y
demanda, sin control. Así mientras los pobres y las capas medias no tienen
capacidad para ahorrar, menos ahora por la crisis económica, hay miles de
metros cuadrados de apartamentos y oficinas desocupadas, sin vender. La
empresa privada sólo se interesa en construir para los muy ricos, lo que
llaman "la segunda vivienda", apartamentos en la playa, parcelas de agrado,
condominios privados.
La heroica acción de los sin casa de Peñalolén ha puesto las cosas en su
lugar. Los actores y sufrientes del drama tienen algo que decir y ahora
tendrán que ser escuchados. Aprenderán por su propia experiencia y la del
movimiento poblacional que para triunfar en su justa demanda necesitan
establecer normas de seguridad, alimentación, higiene, salud y disciplina.
Sabrán que con unidad, organización y solidaridad colectiva nadie les
arrebatará el triunfo que merecen.