FREI II : EL GOBIERNO EMPRESARIAL
José Cademartori

Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz

INTRODUCCION

El gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle termina su período constitucional en Marzo del 2.000. A cinco meses de la entrega del mando, lo que sigue es un balance preliminar de su gestión

En general, fue una Administración predecible, sin grandes sorpresas ni sobresaltos. La ambigüedad que caracterizó el programa de Los Nuevos Tiempos, le permitió situarse en una posición más bien conservadora, sin despertar mayores reclamos de sus partidarios. Por su trayectoria como socio de un afortunado grupo empresarial, alejado de la áspera lucha que otros debieron enfrentar contra la dictadura, era previsible que Frei dejara de lado las reformas políticas democráticas, se propusiera la convivencia con el pinochetismo, asumiera el programa neoliberal de las cúpulas empresariales y buscara los consensos con la derecha parlamentaria. Cada vez que alguno de sus subordinados intentara salirse de esos marcos, como en los casos de Castillo Velasco, Correa, Pizarro, Villarzú, Arrate y otros apuntados por la Derecha, Frei los apartó bruscamente. En sus relaciones con los partidos de la Concertación, impuso sus criterios, descartando las críticas y sugerencias. En la misma línea, respaldó los violentos métodos represivos de Carabineros ante las protestas callejeras de gremios, críticos u opositores de izquierda, incidentes que acabaron, a veces, con la vida de manifestantes o transeúntes y con otros graves atropellos a los derechos humanos.

Sus empeños por imponer el olvido, ignorar las desapariciones y otros crímenes de la dictadura y aplicar sin más la amnistía, fallaron una y otra vez. El desacato de las FF.AA a las sanciones judiciales contra Contreras y Espinoza, el desistimiento del proceso por los cheques de Pinochet, o la defensa cerrada del ex dictador por su arresto en Gran Bretaña, dejaron al descubierto ante el mundo, las debilidades del poder civil y la precariedad de la democracia chilena. Al final de su mandato Frei llegó a reconocer que las heridas estaban vivas, no había reconciliación, había fracasado en cerrar el tema de los derechos humanos y lograr las reformas democráticas a la Constitución pinochetista.

El título de este ensayo, "el gobierno empresarial", expresa uno de sus rasgos más acusados. Frei asumió gustoso el rol de gerente de Chile S.A. Voló por todo el mundo acompañado de familiares y amigos, promoviendo los negocios de una selecta comitiva empresarial. "Dejó hacer y dejó pasar", adaptando las viejas consignas burguesas al lenguaje de la modernidad, el crecimiento, la eficiencia, y la competitividad. Quiso convencer que la empresa privada era "el motor del desarrollo", que había que cederlo todo a las conveniencias de los inversionistas, pues su enriquecimiento traería bienestar para todos. Estos se dedicaron a acrecentar sus patrimonios, estimulados por las numerosas ventajas tributarias y legales que le arrancaron al gobierno. También los favoreció al postergar las prometidas reformas al Código Laboral y dejar que el capital utilizara tácticas ilegales o abusivas con los trabajadores. En concordancia con el neoliberalismo hizo de las privatizaciones la primera prioridad de su gobierno, sin la menor inquietud porque las transnacionales se estén apoderando de las más importantes empresas del país y desplacen a los empresarios chilenos de los mercados internos. Sólo lamentó no haber llegado hasta el fin y no haber completado el desmantelamiento del patrimonio productivo del estado. Sin comprender los efectos nocivos de la globalización del libre mercado, ordenó la rebaja unilateral de aranceles y concertó acuerdos internacionales, dejando en la indefensión a la producción nacional. Felizmente fracasó en la incorporación de Chile al NAFTA, a pesar de los esfuerzos de Clinton y de poderosos intereses norteamericanos.

Durante los primeros cuatro años, su Administración gozó de una excepcional coyuntura internacional. Pudo contar con recursos tributarios y fiscales inesperados que le permitieron recuperar parcialmente los deprimidos niveles de la inversión en salud, educación, vivienda social y jubilaciones. Con su mentalidad ingenieril, Frei valoró la construcción de autopistas, túneles y aeropuertos como su logro principal, obras públicas a las que otorgó la mayor prioridad presupuestaria. Amplios recursos destinó también a reforzar las Fuerzas Armadas y Policía. Otorgó enormes subsidios a la Banca Privada, prefirió adelantar pagos de Deuda Externa y mantener superávits fiscales antes que resolver agudas carencias sociales. Modestas modernizaciones fueron iniciadas en la enseñanza, el sistema judicial, en la protección a los consumidores, a la familia y en apoyo al campesinado. Los avances logrados fueron siempre producto de la insistente batalla de los grupos sociales organizados, trabajadores, vecinos, maestros y estudiantes, los que a meses de iniciada la Administración superaron el temor y el inmovilismo de los años anteriores.

Si bien Frei pudo exhibir una cierta reducción de los índices de pobreza, en comparación con la dictadura militar, no pudo evitar la profundización de las desigualdades sociales, el deterioro de la calidad de vida y la creciente inseguridad ciudadana. Su promesa de erradicar la extrema pobreza quedó en el papel. El auge económico de los primeros años se transformó en desaceleración y luego, para desconcierto del gobierno y sus economistas, en alarmante recesión, durante el último tercio de su mandato. La caída de los ingresos de las exportaciones primarias y la aplicación del dogmático recetario del FMI condujeron a dramáticos niveles de desocupación, los mayores de la última década. Como lo revelaron estudios y sondeos, en definitiva, el espectacular crecimiento económico sólo benefició a unos pocos, dejando a una mayoría resentida y escéptica. El candidato presidencial de la Concertación se vio obligado a reponer ante los desencantados electores, el mismo slogan de diez años atrás : crecimiento con igualdad.

La Izquierda extraparlamentaria no esperaba nada de él y no se equivocó. La Derecha Económica comprendió que le sería útil y no la defraudó. La mayor frustración se radicó en las clases media y popular, a quienes se había vendido la imagen del continuador del papá Frei, el reformista de los Nuevos Tiempos. Frei II, una vez en La Moneda, con un discurso amenazante, se mantuvo distante de obreros y campesinos, desestimó a las organizaciones de pobladores o estudiantes, profesionales o artistas. Muy lejos de la participación popular promovida por su padre, Eduardo II desilusionó a sindicalistas, dirigentes sociales e intelectuales, mostrando su preferencia por tecnócratas y hombres de negocios. Mantuvo durante su período una terca negativa a recibir, escuchar y tratar con organismos de derechos humanos, grupos sociales en conflicto y menos con partidos de la oposición de izquierda. Se exasperó ante las críticas del movimiento ecologista y frente a la irrupción de la lucha de los mapuches, sólo aceptó participar en un show publicitario.

Año tras año su puntaje en las encuestas fue decayendo, arrastrando a considerables pérdidas electorales a la Concertación y afectando a su Partido Demócrata Cristiano que ha perdido su rol de eje de la política chilena, sostenido durante 35 años. Frei junior entrega un país abrumado con una cesantía récord en la peor crisis de los últimos quinquenios, una economía devorada por las transnacionales, un estado incapaz de identificar los intereses de la nación y un pueblo frustrado por las promesas incumplidas de avance.

BACK

Top of Page